Cultura y rentabilidad ¿es posible?

Alguien dijo, con razón, que solamente un pueblo culto puede ser verdaderamente libre.

Vivimos tiempos difíciles para la cultura y el conocimiento. Reconozcámoslo abiertamente. Que la crisis ha afectado a todos los sectores económicos del país es una evidencia, pero que al sector cultural le ha afectado más, es seguro.

Somos el país con un mayor porcentaje de “ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan), y un 36% (una barbaridad) ha dejado los estudios antes de los 16 años.

La cultura es como un plus, un entretenimiento o una distracción aceptable en tiempos de bonanza, o de vacas gordas, o de brotes verdes…pero cuando hay que apretarse el cinturón…subimos al 21 % el IVA cultural (uno de los más altos de toda Europa), bajamos y recortamos los presupuestos y la convertimos en un lujo para el ciudadano medio, que es el mayoritario (por ahora), con lo cual  acaba siendo algo prescindible en la vida de las personas.

Esto es dramático para el patrimonio cultural, que necesita inyecciones de dinero periódicas para su conservación y mantenimiento, y como ya he expresado en alguna entrada anterior: al españolito medio no le gusta nada pagar por la cultura.

La soledad de los monumentos en España

La soledad de los monumentos en España

Como me toca muy de cerca, suelo reflexionar con frecuencia sobre este binomio cultura/ rentabilidad preguntándome si realmente es posible matar dos (o tres) pájaros de un tiro: ayudar a conservar y mantener el patrimonio, obtener una plusvalía (trabajar por y para el patrimonio y poder vivir de ello) y además contribuir a construir una sociedad más sensibilizada con su legado histórico y patrimonial, más consciente de la importancia de invertir en el pasado para mejorar el futuro, más culta. Y desde luego no en un sentido exclusivo o excluyente (según como se mire), de la palabra “culta”, si no en un sentido (quizás algo utópico) de igualdad y accesibilidad para todo aquel que, independientemente de su nivel económico y social, pueda sentirse interesado o atraído por entrar en un museo, visitar un centro de interpretación o acceder a un monumento cualquiera de los muchos que existen en nuestro territorio.

Hablamos de crear, pues, un producto cultural. El producto cultural puede ser un monumento, un itinerario, un circuito experiencial, museos, etc… que está orientado al consumo.

Lo que debemos tener claro es que los criterios de mercado afectan irremediablemente a la cultura, y se introducen en la ecuación conceptos como rentabilidadproductividadcompetitividad. Sé que el sugerente título que  le he puesto a esta entrada incita a pensar en una mercantilización económica del patrimonio, que se debe enfocar con mucho cuidado.

Es evidente el peligro de los desequilibrios entre la conservación y el uso económico de un bien. El impacto económico en la cultura es positivo siempre y cuando exista reciprocidad y la tensión subyacente entre las palabras explotación y conservación se suavice o mitigue al máximo.

Soy de la opinión de que la vía perfecta para rentabilizar el patrimonio histórico y cultural es el turismo, pero, y recalco, esto es sólo posible y viable bajo el prisma del turismo sostenible, donde los intereses de ambas esferas (la económica y la cultural) no choquen.

Ahora mismo me encuentro en la fase previa de la creación de un producto turístico- cultural. Lo primero de lo que soy consciente, es que necesito la ayuda de la Administración (local, provincial, autonómica) ya que es muy difícil para la iniciativa privada instaurar un uso económico de la cultura que necesita fuertemente de una reeducación social para que funcione con éxito. Por lo que no dejo de darle vueltas al momento en que tendré que presentar el proyecto a las personas de las que, en función de su apoyo, dependa su éxito o fracaso. Y eso implica que debería intentar “cambiar mentalidades”.

¿Se puede invertir en patrimonio y no morir en el intento?

Sí, porque de hecho es el futuro.

No siempre hace falta gastar ingentes cantidades de dinero en planes, estudios o infraestructuras desproporcionadas, si lo más importante está ahí: nuestro patrimonio cultural. Además, los milagros no existen, creo que en ningún negocio puedes esperar el éxito sin trabajar duro, pero en el caso de la cultura es posible que la rentabilidad no llegue inmediatamente.

Cuando el dinero circulaba con bastante más ligereza que ahora, se hacían grandes proyectos, centros de interpretación, parques arqueológicos y demás que a veces no estaban demasiado bien planificados, o no se sabía muy bien a quien iban dirigidos o que ofrecían exactamente además de mera información. Muchos no funcionaron nada bien y supusieron grandes pérdidas o al menos no las ganancias que se preveían. En la mayoría en los que he entrado, estaban casi vacíos aún siendo gratuitos (el no pagar por algo, puede restarle valor, las cosas como son).

Lo de los Centros de Interpretación (que estuvieron muy de moda) es para dedicarle una entrada aparte, así que no profundizo en ello mucho más (que la inspiración también va justa en estos tiempos 😉 )

En los planes de empresa o  Business Plan (para el fan de los anglicismos) , el aspecto financiero y sus estimaciones de retorno económico siempre me han parecido un pelín fantasiosos. Es como si los redactores de un plan de negocio pudieran ver el futuro en una bola de cristal y prever todas las variables que se pueden dar cuando pones en marcha un negocio (algún dato puede fallar, alguna estimación no ajustarse exactamente a la realidad). Está claro que siempre hay que tener ese punto de jugártela un poco. En el sector del turismo cultural en Galicia, está claro: te la juegas sí o sí. Pero no por ello debemos acobardarnos.

Combinando correctamente el apoyo público y el privado, es posible hacer grandes cosas. Hay que demostrar al inversor privado que la cultura es rentable, que los datos en alza del turismo cultural, lo corroboran. Que cada vez más, el turista extranjero viene a nosotros a conocer nuestro pasado (que, seamos realistas, ha sido glorioso en muchos aspectos). Tenemos que creérnoslo y tenemos que dejar el derroche y  los amiguismos a un lado, los chiringuitos políticos o las concesiones a los colegas y en general aprender de nuestros errores y mirar hacia Europa.

Yes, we can!

 

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Un pensamiento en “Cultura y rentabilidad ¿es posible?

  1. Interesante post para reflexionar un buen rato. El binomio cultura y rentabilidad siempre es complicado de defender desde un punto de vista ideal, pero en los tiempos que corren, coincido que es fundamental.
    Cuando escucho noticias como tal fábrica va a cerrar porque prefieren abrir una factoría en un país emergente que paga a sus trabajadores cinco veces menos, pienso que es un proceso inevitable. Pero hay otras cuestiones como la cultura, con su patrimonio material e inmaterial, en las que España es puntera a nivel mundial. Por qué no va a ser rentable conservarla y promoverla? Aprovechémonos de este gran legado que es nuestro patrimonio cultural.

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