Gestión cultural europea: ¿Cómo lo hacen? (II)

Me gustaría empezar dejando bien claro lo siguiente: tenemos un patrimonio cultural material (e inmaterial) rico, extenso y valiosísimo. Creo que algunas personas no son conscientes de ello.

El hecho de estar acostumbrad@s a ver iglesias románicas y otros vestigios del pasado a nuestro alrededor puede ser el motivo de que a veces no le demos el valor que realmente tiene este patrimonio medieval que nos rodea.

¿Por qué es tan importante resaltar esto? Porque si algo he aprendido en mis visitas culturales europeas es que el devenir histórico de cada país influye, como es evidente, muy y mucho en su patrimonio.

La Revolución Francesa fue determinante en los incendios continuados del patrimonio religioso y noble, que dejando a un lado consideraciones ideológicas hizo mucho daño al patrimonio cultural francés. En el resto de monumentos supuestamente medievales a veces nos encontramos con reconstrucciones como la de Carcasona, que es una pasada de lugar pero que no es real, es decir, es un reproducción de lo que pudo (o no) haber sido. 

Hay que tener en cuenta que en el s. XIX hubo una fiebre restauradora importante de mano de Viollet-le-Duc, de manera que hacía unas reconstrucciones a lo mejor no demasiado ceñidas a lo que podían haber sido esos monumentos, si no que los adaptaba según criterios estéticos y/o creativos, pero con poco rigor histórico. Con lo cual, muchos monumentos medievales franceses…bueno….en realidad no lo son completamente. De hecho el amigo Viollet además de limpiar y restaurar la Catedral de Notre- Dame de París le añadió algunas cosillas como una torre más por ejemplo, poca cosa (ironic mode ON).

Además de la Revolución Francesa, las Guerras Mundiales supusieron otro drama para el patrimonio cultural que sufrió todavía más destrucciones. La memoria de las dos Guerras permanece muy vívida en los países que las sufrieron, que recuerdan a sus héroes y muertos en prácticamente las plazas de todas la ciudades europeas.

En España, bueno, tuvimos lo nuestro, claro. Las desamortizaciones, la Guerra Civil…pero quizás la destrucción fue a menor escala que en otros lugares. Dicho esto, tenemos por un lado una explicación de la gran cantidad (y calidad) de monumentos que, sobre todo en época de crisis económica, se hace difícil mantener.

Lo cierto es que en países como Alemania o Dinamarca casi todo el patrimonio es público. Hablando con el gestor del Monasterio de Bronnbach se mostraba sorprendido de que en España existiese la posibilidad de que un monumento del Estado tuviera una titularidad privada y de, por ejemplo, la posibilidad de instalar un hotel en un monasterio (como es el proyecto del Monasterio de Oia) y me contaba que en Alemania todos eran públicos. En ellos se organizaban eventos de diversa índole: conciertos, bodas y celebraciones particulares…de manera que esa riqueza que generaba el monumento iba destinado a su propia conservación. ¡Ay, amigo germano! Spain is different!

Yo estoy de acuerdo con él. En un  mundo ideal el Estado sería el propietario de todos los monumentos, los gestionaría de manera eficaz (volvemos a lo comentado anteriormente, colocando profesionales del sector y no perfiles políticos, léase (en letra pequeña) el caso de Paradores), la gente pagaría sus entradas de 10 o 15 euros, se promocionarían no sólo a nivel nacional , sino también internacional incidiendo en la importancia del desarrollo del turismo cultural y todos tan felices. Pero no. Cada país y cada cultura tiene sus peculiaridades y su propio recorrido. El nuestro todavía está en marcha hacia esa idoneidad en la gestión del patrimonio.

En mi opinión, es preferible que la iniciativa privada, bajo un severo control del Estado, active esos monumentos sin modificarlos (a lo Le- Duc vamos)  o lo que es lo mismo, los devuelva a la vida, si con ello vamos a garantizar su pervivencia. La prioridad es que no se derrumben (me remito otra vez  a la Lista Roja de Hispania Nostra). 

También he observado un gran apoyo en las instituciones europeas, intervienen más en las iniciativas transnacionales. Hay más contacto entre ellos, no sé…a lo mejor es percepción mía, pero lo cierto es que nosotros fuimos los primeros representantes españoles en la Carta Europea del Císter en toda su historia. Teniendo en cuenta la gran importancia del patrimonio cisterciense español…¿Cómo es posible?? ¿Son ellos los que nos ignoran o nosotros los que los ignoramos?

En este punto me gustaría enlazar con el tema de los Itinerarios Culturales, el Consejo de Europa y su importancia para ese concepto transnacional y para el desarrollo del turismo cultural de cada país, pero ya será en la próxima entrada. 

¡Saludos!

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